Cambio climático en LATAM: cuando no hacer nada es más costoso

El cambio climático es una amenaza real para América Latina y El Caribe y los especialistas alertan que, si no se toman medidas, el costo de la inacción a largo plazo superará al costo de actuar ahora. Latam está obligada a elevar el financiamiento e implementar políticas para la transición hacia economías bajas en carbono y resilientes al clima.

Por Sandra Madiedo Ruiz

Pese a que la región se ha comprometido a reducir emisiones entre un 24% y un 29% para 2030, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) destaca las necesidades de incrementar los fondos en la lucha contra el calentamiento global.

El informe titulado “Economía del cambio climático en América Latina y el Caribe 2023: Necesidades de financiamiento y herramientas de política para la transición hacia economías bajas en carbono y resilientes al clima”, presentado a finales del año pasado, ofrece un análisis detallado de las emisiones regionales, los compromisos y las necesidades en un área con muchas deudas.

Para el 2030, se estima que la pérdida de productividad laboral debido al estrés térmico podría alcanzar hasta el 10% en algunos países, algo que afectará directamente el potencial de crecimiento de la región.

Para combatir el cambio climático, LATAM debe dirigir el financiamiento hacia sectores clave como cambio de uso de suelo, agricultura, ganadería y silvicultura, que representan el 58% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la región.

Sin embargo, en la actualidad, el financiamiento se enfoca mayormente en mitigación, mientras que se relegan aspectos como la adaptación y otras acciones transversales. En 2020, el 89% del financiamiento climático global se destinó a mitigación, mientras que solo el 8% fue para adaptación y un escaso 3% para acciones transversales.

José Manuel Salazar-Xirinach, secretario ejecutivo del organismo, afirmó que la tasa de descarbonización debería ser cuatro veces más rápida que la actual, para que el cambio sea efectivo.

“La inversión en la acción climática puede reportar beneficios no solo medioambientales, sino también económicos y sociales, ya que los niveles de inversión y financiación de las medidas de mitigación y adaptación supondrán un importante impulso para el crecimiento, el empleo y el desarrollo social”, añadió.

El salto en el financiamiento debe ser mayúsculo, pues mientras que en 2020 el gasto por este concepto representó solo el 0,5% del PIB regional, para cumplir con estos compromisos se requerirá una inversión del 3,7% al 4,9% del PIB regional anual hasta 2030.

Las estimaciones indican que para cerrar esta brecha se necesita aumentar la movilización de recursos nacionales e internacionales entre 7 y 10 veces.

La CEPAL identifica sectores dinamizadores como la transición energética, electromovilidad, economía circular, bioeconomía, industria farmacéutica, servicios modernos (digitales) y economía del cuidado, entre otros, como áreas de oportunidad para un crecimiento económico colaborativo y sostenible en América Latina y el Caribe.

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